viernes, 28 de julio de 2006

Verano

Este año en mi ciudad se nos ha colado un verano que no es el nuestro. Un verano de ombligos multiplicados, de sandalias nocturnas y de sudores insomnes.

Este verano llegado por error trae un sol despiadado y un motivo de conversación más despiadado aún. Este verano desorientado nos trae un alivio de lunas de hielo y recuerdos de no hace tanto. Nos reconcilia con las sombras y con las horas brujas. Este verano confundido de ciudad ha regalado un anticipo a quienes se marchan, un viaje a los que nos quedamos y un consuelo a los que regresan.

Este verano forastero que nos visita trae parejas que se besan y pasean de la mano pese a todo, poetas que duermen al raso y parasiempres de miga de pan. Trae palabras que salen de sus escondites y manos que se esconden bajo la ropa ajena. Este verano inesperado trae susurros y soplidos en la nuca. Y trae muchos “te quiero” en sms y también labio a labio.

Tenemos un verano que no es el nuestro. Y no pensamos devolverlo. Al menos hasta probar todo lo que nos trae.



(Este verano también te trajo consigo, asustada y sorprendida pero radiante. E intentará que te vayas cuando él se marche, pero haré lo imposible por evitarlo. Eso sí sería un gran error)

2 comentarios:

Nuestro corazón tiene la edad de aquello que ama dijo...

Por eso es por lo que el verano me parece l aestación más bella del año, (con el permiso de la incomparable primavera; son unos meses donde damos rienda suelta a nuestro cuerpo y a nuestro corazón... Donde los deseos prohibidos aparecen bajo los rayos de la luna...

Además para mi este verano es más especial que los anteriores, disfruto de esa compañia que lo hace más especial, de esos susurros que te hacen temblar aun con tanto calor, esa persona con quien compartir tantas y tantas cosas. En definitiva el AMOR
Que es lo más bonito que nos puede pasar en la vida. Ojala todos encontremos el verdadero amor que llene nuestros días de alegria (y sobretodo tú que te lo mereces)...

Anónimo dijo...

Este verano me ha llevado fuera de la ciudad, y la he añorado bajo el sol despiadado. No me ha arrastrado un nuevo amor, ni las vacaciones, sino la enfermedad de un familiar. Y el lento devenir de los minutos se me ha hecho a veces eterno, pero la satisfacción de cuidar a quien lo necesitaba en lugar de agotarme me ha colmado de una sabiduría extraña.
AMAYA